Cuando cumplí quince años, les pedí a mis papás una computadora como regalo de cumpleaños, y ellos me regalaron mi notebook, que sigue siendo mi más fiel amiga hasta el día de hoy. Ese regalo fue como abrirme un portal infinito hacia la información, y no tardé en ponerme a investigar sobre los temas que me apasionaban. Uno de esos temas resultó ser el autismo, lo que me llevó a poder diagnosticar a los miembros de mi familia, lo que últimamente me trae aquí, a poder escribir de lo que aprendí en todos estos años, para ustedes.

Claro, esto no hubiera sido posible si no fuera por la forma en la que estaba siendo educada. Esto es, a distancia. Sí, desde el cuarto grado y hasta terminar el secundario, completé mi escolarización completamente a distancia.

¿Qué quiere decir esto? Quiere decir simplemente, que me preparaba en mi casa, sin asistir presencialmente a la escuela, con material que me era proporcionado por el colegio en el que estaba inscripta.

Hoy puedo decir que haber podido usar esta modalidad de educación me ayudó muchísimo, y me abrió muchas puertas.

Lamentablemente, hay muchos mitos que rodean a la educación a distancia, en especial cuando hablamos de personas dentro del espectro. El primero de estos es, claramente, la socialización. Me pregunta mucha gente que cómo puede ser que yo, siendo una chica Asperger, haya hecho esto sin terminar viviendo en una burbuja aislada, y muchos terminan, incluso, dudando de mi diagnóstico. Aunque suene irónico, el haber estudiado así me ayudó mucho en este ámbito. Porque, el no tener que ir a la escuela a diario, que, en muchos casos, termina siendo un ambiente hostil y poco saludable para chicos como yo, me dio tiempo para asistir a otras actividades, en ambientes muchos más amigables (quizás porque estaba mucho más relacionado a mis intereses) donde las reglas eran más claras y era más fácil aprender a relacionarme con los demás. En mi caso, fue el conservatorio de música y la orquesta. Para mi hermanito, el que también es TEA, que usó esta modalidad hasta el tercer grado, era la escuela de ajedrez. Él iba ahí y conocía personas con las que ya sabía de entrada que compartía un interés en común: el ajedrez. Un ambiente amigable, que permitía relajarse, aprender, y, en definitiva, socializar.

Todo esto además de los beneficios económicos que puede traer el no asistir a un colegio.

Además, se es libre de acomodar sus horarios y ritmo de aprendizaje como más funcional le resulte a uno. Podía ir al conservatorio de música y hacer mis tareas de escuela entre clases. Había días que los pasaba enteros en el conservatorio, saliendo de casa a la mañana y volviendo a la tarde/noche, y podía tener al día mis tareas escolares.

No estoy diciendo que la educación a distancia sea buena para todos. Tampoco que no tenga ventajas y también desventajas.

Para algunos, la ejecución adecuada de esta modalidad puede resultar dificultosa. Ya que pueden requerir de un tutor que ayude con la enseñanza de temas que los padres no siempre pueden explicar, además que requiere mucho tiempo de los papás.

En mi caso, me encontré con una gran dificultad al pasar de la secundaria a la educación superior. En lo personal hubiera necesitado, quizás, algún tipo de preparación, un curso de técnicas de estudio, por ejemplo, u oratoria, antes de entrar en ese mundo. Pasé de poder organizar mi tiempo, priorizar mis materias según mis capacidades, de organizar mi estudio a mi manera, y de aprobar siempre con notas altas, terminando el secundario con promedio 9, a tener que asistir a clases, ya no disponer de tiempo como el que tenía, y a conocer el amargo sabor del desaprobado y de la estructura cerrada y hostil de la modalidad común.

No estoy diciendo, tampoco, que sea una modalidad perfecta para todos los niños y adolescentes en el espectro autista, ni que a ningún niño neurotípico le sirva. Al contrario, a mi hermana neurotípica esta modalidad le sirvió más que bien, terminó con notas altísimas, pudo avanzar en su carrera, y, con veinte años, está cursando su último año en el profesorado de música, que no hubiera podido lograr sin esta modalidad. Mis hermanos menores no tuvieron la misma suerte que nosotras, pero, gracias a Dios, encontraron en la escuela del barrio un ambiente muy familiar y amigable donde pueden crecer. Uno de ellos, dentro del espectro, encontró un muy buen colegio en el que se siente cómodo, está contento, y avanza bien académicamente.

Con esto sólo quiero concientizar sobre la existencia de esta modalidad, sus numerosas ventajas, y la forma en la que puede ser usada.

El obstáculo más importante para usar esta modalidad es que no está regulada en nuestro país. Hoy en día, si se quisiera estudiar a distancia, existe una barrera en el ámbito legal, ya que un niño que no asiste presencialmente a la escuela no es considerado como escolarizado. Esto genera un gran problema, ya que, para recibir cualquier beneficio social, como asignación universal por hijo o salario familiar, y las ventajas que presenta el CUD en esos planes, se exige que el niño esté escolarizado, lógicamente.

La buena noticia es que esto tiene solución muy sencilla. Existe la estructura ya armada en otros países, que se pueden implementar fácilmente desde aquí, sin significar un gasto económico estatal, sino tan solo que eso se pueda oficializar y figurar como una forma de escolarización válida. Esto se puede hacer, por ejemplo, mediante exámenes, una, dos, o varias veces al año, donde se tome lo que ya el Ministerio de Educación tiene estipulado tiene que ser examinado.

Esta modalidad podría ser la solución que muchas familias, como la mía, buscan ante problemas tanto académicos, como sociales o de acoso escolar, de niños en el espectro o que, simplemente, no entran dentro del molde de la modalidad escolar común.

Me gustaría concluir estas palabras aquí, en lo personal, lo considero un derecho, el de poder elegir la educación que resulte más favorable.

Muchas gracias.

 

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