En una de esas conversaciones que tenemos mi papá y yo en el auto, donde arreglamos los problemas mundiales y psicoanalizamos a todos los que conocemos, hablamos sobre las distintas dificultades que cada uno tenía y tuvo, desde el punto de vista “aspie”, y cómo cada uno lo superaba y si eran superables algunas y por qué sí o por qué no. La respuesta siempre era la misma: es crítico el contexto, el ambiente en el que se forma la persona. Eso me hizo pensar en mi ambiente, en mi pequeño gran contexto familiar y en como yo fui aprendiendo a manejar mis obstáculos.

Entonces me di cuenta de algo, en realidad, ya lo sabía, pero decidí que debía ponerlo en palabras, que sean más que pensamientos abstractos y “sí lo sé”. Esta fué la idea que surgió en mi cabeza, cómo algo que debía hacer: quiero hacer un agradecimiento público a todas esas personas que me ayudaron a ser lo que hoy soy:

A mi papá; que es siempre mi roca, mi pilar. Es más que sólo mi padre, es mi papi, mi mejor amigo, la persona en la que pongo siempre toda mi confianza. Sabe siempre qué decir y cómo hacerme ver las cosas. No tiene miedo de decirme cuando estoy equivocada, pero tampoco de hacerme saber cuando estoy haciendo las cosas bien. Es mi orgullo. Y más importantemente, es de quien heredé mi forma de ser “nerd”, mi gusto por las películas, la música de John Williams, y todas esas otras cosas que nos hacen pasar los mejores ratos. Es con quien comparto mis intereses. Nunca me deja rendirme, siempre está a mi lado, incluso cuando el camino se pone difícil, incluso si me enojo con él. Es el que me dice “necesito que saques este Kyrial para mañana” y tiene toda la confianza del mundo en que lo voy a hacer, aunque yo le diga que es imposible (spoiler: era posible). El que se sentaba al lado mío hasta altas horas de la noche, escuchándome tocar el piano porque le pedí que me corrigiera para mi examen. Nunca me dejó bajar los brazos y me apoya en cada proyecto. “Me gustaría tocar algo más práctico para los niños”, abre Google y busca opciones de guitarras, cuatros y ukulele; y me ayuda a decidir cuál comprar, y me descarga cancioneros para que empiece a tocar. Y así, para todo, siempre. ¡Gracias mi uno y único Superman!

A mi mamá, que siempre tiene la palabra justa. Siempre tiene tiempo para escuchar y para conversar y, de algún misterioso y sorprendente modo, logra hasta organizar para que salgamos las dos solas de tanto en tanto. Ella es mi ejemplo como mujer; fuerte, inteligente, Madre. A ella, que peleó por mi educación incansablemente; no, más meritorio aún, peleó aún cuando estaba cansada, para poder educarnos de la manera que ella creía era la más adecuada. Gracias a ella hoy sé lo que sé y puedo hacer lo que hago. Ella, que, sin entender un poquito de música, siempre nos escucha hablar de lo mismo, nos apoya en cada momento, en cada concierto, para cada clase. Siempre preocupándose que tengamos todo lo que necesitamos para poder estudiar. Por su forma de ser tan dulce, pero que no tiene miedo de retar y dar un buen sermón cuando hace falta. ¡Por las horas y horas de sermones! ¡De repetir incansablemente sus consejos! De estar ahí, a mi lado, incluso en mis peores momentos. Y su forma tan elegante de ser y de hablar… Por enseñarme lo que significa ser mujer, madre y persona. Porque puedo contarle lo que sea, y pedirle consejo de lo que sea. Porque me levanta todas las mañanas con un café calentito. Porque me aguanta con todas mis tonteras. Por hacer los mayores sacrificios para que yo pueda ser un poco más feliz, como dejar que traiga un caniche a la familia. ¡Gracias mami!

A mis hermanos, porque muchas veces les toca recibir lo peor de mis frustraciones, y de gratis. No quiero poner sus nombres aquí para respetar su privacidad, pero no puedo dejar de mencionarlos. A mi Hermana, que no importa qué tan insoportable me ponga, y no importa qué tanto nos enojemos o nos peleemos, nunca deja de ser mi mejor amiga y mi fiel compañera, siempre #BetterInStereo. Al Tallarín, que sabe exactamente hasta donde me puede molestar, y cuando dejarme tranquila, que siempre tiene algo gracioso para decir y sabe hacerme reír. Que no se rinde nunca y es un ejemplo de adolescente. Que me abraza todos los días, aunque le diga que no y sabe cuando soltarme y cuando decirme “pero abrazame que te quiero”. Por siempre mostrarme su cariño y por ser mi hermano. Al Aspergenio por motivarme todos los días a dar lo mejor de mí y ser el mejor ejemplo de hermana mayor que pueda tener y a estudiar y dar todo de mi en todo lo que hago. Por tener siempre un chiste y una sonrisa y por no juzgarme nunca. Por entenderme y saber cuando necesito compañía, y por todas esas veces que me abraza y me dice “te entiendo, también me pasa”. Por compartir sus genialidades que me hacen reventar de orgullo. A mis princesas porque me enseñan más de lo que yo podría jamás enseñarles a ellas. Porque me empujan a ser mejor personas, porque no tienen miedo de corregirme cuando me ven metiendo la pata, pero lo hacen siempre con mucho cariño. Por los tés, por cuidar de mi perrita, por estar siempre ahí cuando las necesito y ayudar siempre con una sonrisa. Por siempre preguntar primero, y por nunca enojarse demasiado conmigo, incluso cuando pierdo la paciencia. Por los abrazos silenciosos y el apoyo continuo. Al Increíble Hulk por ser el pequereque más noble y dulce que haya conocido jamás. Por la paciencia increíble que me tiene cuando me tengo que quedar a cargo y no siempre puedo atenderlo inmediatamente, por siempre poner a su hermanito primero. Por su energía contagiosa y su sonrisa con esos hoyitos que me derriten… Y a Quesito, por su incansable cariño, por su empatía que no conoce límites, por sus abrazos y sus palabras, por su forma tan particular de ser y de quererme, porque siempre está, incluso en mis peores días, él no se asusta y siempre está a mi lado, ofreciendo su ayuda y su apoyo. Porque, aunque sea pequeño en edad, es grande de corazón. Por ser el mejor regalo de quince que pudiera haber recibido. A los siete locos que tengo de hermanos, todos esos siete Regalos de Dios, porque, a pesar (o quizás incluso porque) de ser más chicos que yo, me dan ejemplo todos los días y cada uno con su manera particular de ser, me hacen mejor persona. A toda mi familia por ser exactamente el apoyo que necesito en cada momento, ni más ni menos.

Gracias por leer este post bastante personal, quería hacer público mi agradecimiento y admiración por esta familia en la que me tocó nacer, no sé qué haría ni quién sería sin ellos, sólo sé que no los cambiaría por nada en el mundo y que, especialmente en este tiempo decisivo en este país, hay que celebrar a la Familia. Hoy soy una hija orgullosa de mis padres, orgullosa de ser la mayor de ocho hermanos y de tener esta familia numerosa que tengo. Orgullosa de la educación que me dieron y me siguen dando día a día y de poder mirar a cada uno de ellos y llamarlos “papá”, “mamá”, “hermana” y “hermano”.

La Chica De Sombrero.

 

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